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La llegada de la pandemia del coronavirus a nuestras vidas ha traído muchas consecuencias, entre ellas, que nos preocupemos más por “cuando no estemos”, y sopesemos la necesidad de contratar un seguro para tener “todo previsto” y minorar así la magnitud del trastorno económico que supone un fallecimiento, añadido al componente emocional.

Y es que morirse en nuestro país no sale barato. Un entierro básico cuesta unos 3.500 euros y uno medio 6.500 euros. Un coste que, en caso de que fuese necesario realizar la repatriación del cuerpo por haberse producido el fallecimiento fuera de nuestras fronteras, se vería incrementado en unos 6.000 euros más. Además, si se produce a causa de una infección de covid-19, hay que sumar 500 euros (el precio del sudario es mayor, los operarios deben protegerse con EPI y proceder a tareas de desinfección y tratamiento de residuos).

Para evitar este gran desembolso, agravado por tener que realizarlo en unas condiciones de dolor por el fallecimiento de un ser querido, en las que, coloquialmente “no estamos para nadie ni para nada”, es importante contar con un seguro que se preocupe de todo en esos difíciles momentos. Su aportación es la prestación integral en un momento especialmente complejo para las familias.

Así, estos seguros suelen cubrir los gastos y servicios por el funeral y el enterramiento o incineración de una persona fallecida, así como la repatriación del cadáver hasta el lugar de residencia (si el fallecimiento ocurre durante un viaje), los servicios de gestoría, testamento y asistencia psicológica para la familia, entre otros. La ampliación de coberturas que se han dado en este seguro en los últimos años hace que el acompañamiento a los familiares vaya mucho más allá que gestionar y sufragar el sepelio, y que se haya popularizado entre la población. Y es que, aunque sorprenda el dato, más de la mitad de los españoles lo tiene contratado y el 35% de ellos tiene menos de 40 años, por el carácter familiar del seguro, lo que desmonta el mito de que estos seguros son un asunto exclusivo de las personas mayores.

SERCOVER oferta un seguro de decesos “Todo Previsto” desde solo 1,61 euros al mes, un desembolso muy pequeño que te ahorrará disgustos futuros en momentos delicados. Esta póliza va más allá de los servicios inherentes al sepelio (servicio fúnebre, trámites de gestoría y repatriación) e incluye también otros servicios de valor añadido, como asistencia en viaje, asesoramiento médico, segunda opinión médica, asesoramiento jurídico…

Además, cuenta con coberturas opcionales para la extracción y conservación del ADN durante 10 años y becas de estudio para los hijos en caso de defunción por accidente del tomador del seguro (6.000 euros para hijos menores de 18 años).

¿Cómo se calcula la prima? El cálculo de la prima está determinado por distintos factores, aunque los más importantes son la edad de los asegurados (cuantos más años, mayor es el riesgo de fallecimiento) y el encarecimiento del coste de los servicios funerarios de la zona (la cobertura contratada debe ser suficiente para atender los gastos funerarios y las aseguradoras ajustan las primas si se encarecen los costes.

El precio de la muerte en España no es el mismo en todas las provincias. Gerona, Madrid y Barcelona son las que cuentan con los sepelios más caros, seguidas de Lérida y Huesca, según datos de UNESPA, la patronal del sector. En el polo opuesto, las provincias donde resulta más barato son Zamora (casi un 40% menor que la media española), Santa Cruz de Tenerife, Palencia, Soria y Cuenca. En cuanto a ciudades mayores de 250.000 habitantes, la más cara es Madrid, seguida de Vigo y Valencia y las más baratas, Bilbao, Murcia y Zaragoza. Y por municipios mayores de 75.000 habitantes, los sepelios más caros se celebran en Rivas Vaciamadrid y los más económicos en Arona (Tenerife).

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